la reunión secreta entre Rattín y Valentín Suárez que evitó una crisis a días del Mundial

Ahora que Belgrano de Córdoba se consagró campeón del torneo de Primera División del fútbol argentino, el primer equipo indirectamente afiliado a la AFA en lograrlo, la figura de Valentín Suárez no puede pasar inadvertida. Y justamente, en los turbulentos días de junio de 1966, en la AFA y en la Argentina, su nombre estuvo asociado a los cambios necesarios en la Selección y en la entidad de la calle Viamonte. A 11 días del comienzo del Mundial de Inglaterra, y en plena rebelión del plantel contra el técnico Juan Carlos Lorenzo, el expresidente y futuro interventor de la AFA se reunía con Antonio Rattín en una habitación de un hotel de Krems para apaciguar los ánimos.

Hincha de Banfield, político de raza y peronista. En cualquier orden, esas tres características podrían definir a Valentín Suárez. Comenzó a trabajar en la Secretaría de Trabajo y Previsión durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón, en 1946, y fue un estrecho colaborador de Eva Perón en la Fundación que llevaba su nombre. Tras la huelga de futbolistas profesionales y el éxodo a Colombia, fue elegido presidente de la AFA, más por sus vínculos políticos que por su pertenencia al Taladro, club del que fue presidente en cinco oportunidades. La primera recién en 1960 y la última en 1993, el año de su fallecimiento.

Retro Mundial: la cuenta regresiva

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Durante su primera gestión al frente de la AFA, entre 1949 y 1953, impulsó un primer intento de integrar al fútbol del interior bonaerense. La idea consistía en sumar cada año a un club ubicado a no más de 800 kilómetros de la Capital Federal y con conexión ferroviaria directa para disputar el campeonato de Primera B. En 1951 fue invitado Olimpo de Bahía Blanca, que rechazó la propuesta. Un año después, aprovechando el impulso de Juan Duarte —hermano de Eva y amigo de Luis Díaz, presidente de Sarmiento—, el club de Junín aceptó la invitación y pasó a tener afiliación directa a la AFA.

Ya como interventor designado por el presidente de facto Juan Carlos Onganía, en 1967 impulsó los viejos torneos Nacionales, que permitieron por primera vez que equipos de todo el país compitieran con los clubes porteños. Si recién en 2026 un club indirectamente afiliado logró consagrarse campeón, queda claro que aquella igualdad tardó décadas en acercarse.

Pero volvamos a 1966. En junio, la Selección se encontraba concentrada en Austria, en una pequeña ciudad llamada Krems, y la relación entre Lorenzo y el plantel era muy tensa. Suárez había renunciado a su cargo como presidente de la Comisión Pro Campeonato del Mundo después de una intervención en el vestuario de River, ante los jugadores seleccionados, que no le había gustado nada al técnico. Un mes después fue convocado de urgencia.

“Valentín Suárez busca un rumbo firme”, tituló El Gráfico en su edición del 5 de julio de 1966. La crónica retrataba el clima de aquellos días: “Llegó con el ruido del personaje importante. Con la ansiedad y el clima que todos los gobernadores de provincia deben sentir ante la llegada del interventor federal… Apareció en el Park Hotel poco antes del primer partido en Krems, el miércoles a las cinco de la tarde. Y trajo cartas, saludos, recuerdos, diarios… Y una sonrisa que en la cara de don Valentín es apenas un relámpago”.

La bronca de Antonio Rattín, expulsado en el partido ante Inglaterra.

Continuaba el texto de Osvaldo Ardizzone: “Nadie lo presentó. Nadie aclaró en carácter de qué llegaba. Se superó ese requisito con una ligereza organizada, de cosa sobreentendida. Maliciosamente sobreentendida…”. El periodista insinuaba que había llegado para poner orden y reorganizar la situación; conocía su influencia en aquel discurso pronunciado en el vestuario de River, por encima de la autoridad del Toto Lorenzo, y sugería que el dirigente tenía un peso específico que trascendía al del entrenador.

En la edición de Clarín del 3 de julio de 1966, los enviados especiales compartían una mirada similar. “Valentín Suárez derrite el hielo que amenazaba congelar al equipo”, señalaba uno de los títulos. Y Diego Lucero contaba desde Krems: “Ayer mismo, en la habitación de Rattín, el diálogo que sostuvo con el capitán del equipo —que se prolongó largo rato— puede considerarse el broche final de esta serie de ‘problemas palaciegos’, como alguien tituló el malestar del grupo”. La nota destacaba que se trató de una conversación entre dos caudillos que intentaban dejar atrás viejas diferencias.

“En vísperas de partir hacia esta ciudad, Valentín Suárez declaró en Buenos Aires que nunca pensó en ser técnico ni se lo había propuesto. Pero confesó, a la vez, ser partidario de la aplicación de la psicología en el fútbol. Tan partidario que en Banfield, el club que preside, estaría por comenzar ese trabajo un especialista en la materia”, agregaba el texto de Clarín.

De alguna manera, Suárez logró enderezar el rumbo en el tramo final de la preparación. La actuación de Argentina en el Mundial de 1966 fue decorosa y la eliminación en cuartos de final frente a Inglaterra, con la expulsión de Rattín considerada injusta por buena parte de la prensa nacional, convirtió al equipo del Toto Lorenzo en el “campeón moral” del torneo. Tras el regreso, hubo acuerdo entre los dirigentes y Valentín Suárez fue designado interventor de la AFA por Onganía. Hasta el regreso de la democracia, en 1973, la entidad no celebró elecciones y sus máximas autoridades fueron designadas por los gobiernos de facto.

Valentín Suárez fue presidente de la AFA entre 1949 y 1953.

La primera gran medida de Suárez fue la creación del torneo Nacional, con la participación de 16 equipos: 12 directamente afiliados a la AFA y cuatro indirectamente afiliados. Independiente fue campeón y Estudiantes terminó subcampeón; ambos clasificaron a la Copa Libertadores. En 1968 también participaron apenas cuatro clubes del interior, entre ellos Belgrano. Con el paso de los años, los equipos indirectamente afiliados comenzaron a competir de manera cada vez más equilibrada con los clubes del AMBA, Rosario, Santa Fe y Junín. Sesenta años después de aquel proyecto impulsado por Valentín Suárez, Belgrano logró consagrarse campeón del fútbol argentino.

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