El cierre del Estrecho de Ormuz y la escalada del conflicto en Medio Oriente provocaron un fuerte impacto sobre los precios energéticos a nivel mundial. Sin embargo, la magnitud de los aumentos no fue uniforme, ya que mientras algunos países trasladaron rápidamente el shock internacional a los surtidores, otros aplicaron subsidios, congelamientos, rebajas impositivas o controles de precios para contener el impacto.
En ese escenario global, Argentina quedó ubicada dentro de un grupo intermedio, con subas cercanas al 24% en los combustibles, lejos de los aumentos extremos registrados en varios mercados asiáticos y americanos.
Filipinas lideró el ranking de aumentos
Los mayores incrementos en el precio de la nafta aparecieron principalmente en economías altamente dependientes de importaciones energéticas y con menor intervención estatal. Filipinas encabezó el ranking global, acompañado por Cambodia y Pakistan, donde las subas superaron el 50%.
Detrás se ubicaron países como EEUU y Perú, con incrementos cercanos al 45%, impulsados por el fuerte traslado de los mayores costos internacionales al precio final de los combustibles.
Más atrás apareció un amplio grupo integrado por Chile, Argentina, China, South Korea, Australia y varios países europeos, donde los aumentos rondaron algo más del 20%.
El caso de la Argentina y la desaceleración del consumo
Dentro de la región, el ajuste aplicado en Chile llamó especialmente la atención por la velocidad con la que se trasladaron los aumentos internacionales.
En Argentina, en cambio, el impacto se moderó parcialmente mediante mecanismos de contención impulsados por el Gobierno y las petroleras, aunque igualmente se registraron fuertes incrementos en los surtidores en un contexto de liberalización gradual de precios.
La extensión del denominado “buffer” de precios por hasta 45 días adicionales, con una suba de apenas el 1%, también expuso problemas crecientes de demanda en el mercado local.
La caída del poder adquisitivo agravó esa situación y llevó a que el salario registrado de 2026 quedara aproximadamente un 10% por debajo de su promedio histórico medido en litros de nafta, situación que impactó directamente sobre las ventas.
“Estábamos 6,5% arriba del año anterior en el inicio del conflicto. Se empezó a planchar la demanda y llegó a terreno negativo. Lo único que no seguía siendo elástico era la CABA. El resto de las provincias, sí. Entonces si seguíamos aumentando nos tirábamos un tiro en el pie», reconoció el presidente de YPF, Horacio Marín.
Según datos de marzo, la venta de nafta retrocedió 1,8% interanual y el segmento súper sufrió una baja todavía mayor, con una caída del 3,4%.
Los países que amortiguaron el impacto
En el extremo opuesto quedaron los países que prácticamente neutralizaron el shock internacional mediante políticas de intervención estatal.
Colombia incluso registró bajas en los precios de los combustibles gracias a un esquema de congelamiento aplicado por el Gobierno, mientras que Bolivia mostró un comportamiento similar.
Por su parte, Uruguay, Brasil, España e Italia mantuvieron incrementos mucho más moderados, en rangos de entre 4% y 7%.
Aunque la nafta concentró gran parte de la atención pública, el gasoil fue el combustible que mostró los aumentos más violentos en numerosos mercados.
En algunos casos las subas alcanzaron niveles extraordinarios. Myanmar y Lagos registraron incrementos cercanos al 150%.
También sobresalieron Estados Unidos, con una suba del 58%; Peru, con 65%; Chile, con 46%; y Australia, con 55%.
Las estrategias que aplicó cada región
Un informe elaborado por la consultora Economía & Energía analizó las distintas herramientas utilizadas por los gobiernos para contener el impacto del conflicto internacional sobre los precios energéticos.
En Asia, China estableció precios máximos para los combustibles, mientras que Japón liberó reservas estratégicas de petróleo, aumentó temporalmente el uso de carbón y amplió subsidios.
South Korea, por su parte, implementó un fondo de asistencia financiera para refinadoras. En Europa, France fijó límites a los aumentos, mientras que Italia y Alemania redujeron impuestos a los combustibles durante dos meses.
En el Reino Unido, la estrategia se enfocó en subsidios dirigidos a hogares que utilizan derivados del petróleo para calefacción.
La respuesta de EEUU
La reacción más contundente llegó desde Estados Unidos. El gobierno estadounidense liberó 172 millones de barriles de la Reserva Estratégica de Petróleo, flexibilizó regulaciones ambientales y suspendió durante 60 días la llamada Ley Jones, normativa que obliga a transportar mercancías entre puertos estadounidenses únicamente en barcos fabricados y operados dentro del país.
El objetivo fue reducir costos logísticos y aliviar la presión sobre el mercado energético interno. Los analistas advirtieron además que, cuanto más se prolongue el conflicto en Medio Oriente y continúen elevados los precios internacionales, más se extenderá el período de recuperación económica para productores y refinadoras.
Ese proceso podría profundizar tensiones entre los distintos actores de la cadena energética y aumentar la presión sobre consumidores, empresas y gobiernos alrededor del mundo.


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