los mercados ven un shock reversible, a pesar que la guerra persiste


Periodista: Wall Street volvió a los valores que ostentaba antes de la guerra. ¿Acá no pasó nada? ¿Se acabó la guerra, acaso? ¿O continúa, pero ya no es un fenómeno relevante para los mercados? Usted siempre señala que Wall Street no tiene demasiado interés en la geopolítica, ¿se la puede ignorar así, olímpicamente?

Gordon Gekko: Acá pasó de todo, y seguirá pasando. Está claro que los mercados tomaron nota, pero su especialidad es mirar hacia delante. La recuperación se justifica por lo que los mercados anticipan del futuro. Lo pasado, pisado. Lo que sucedió fue muy grave, pero lo que los mercados piensan, y se pueden equivocar, es que no se trata de un traspié decisivo.

G.G.: Los mercados descuentan que el shock es reversible. La historia continúa. El mercado bull sigue vigente, pese a todo.

G.G.: No es un dato menor. Ello no evitó una corrección de 10%, pero facilitó una recuperación tan rápida, aun cuando la guerra persiste, y todavía se puede complicar. Pero, sobre todo, cuando sabemos que habrá que lidiar con una crisis de energía (y otros insumos críticos) que será feroz, incluso si la libre navegación por el estrecho de Ormuz se rehabilitase mañana.

P.: Lo que no va a suceder.

G.G.: Correcto. Nada sugiere que Irán vaya a retroceder en ese punto.

P.: Las conversaciones en Islamabad acabaron sin resultados, de forma abrupta. Pero la tregua continúa. ¿Ese es el dato que los mercados ponderan más?

G.G.: Una semana atrás se canjeó una oferta del presidente Trump – Armagedón o la “destrucción” de una civilización – por otra, mucha menos dañina, sentarse a negociar en Islamabad. El cese de fuego fue una propuesta de Trump que Irán aceptó. La guerra no terminó, existe una tregua de dos semanas, finaliza el 21. Pero las dos partes revelaron aquí sus preferencias. Trump, que fue quien eligió la guerra, incluyendo día y hora, y quienes debían participar y quienes no; y que además es quien tiene los mejores medios para insistir con ella, ahora prefiere la diplomacia.

P.: Daría la impresión, lo conversamos aquí, que buscaba una solución así desde la segunda semana de la contienda. Y ya vamos por la séptima.

G.G.: No fue hasta la sexta semana que Irán se avino a conversar seriamente.

P.: A juzgar por los mercados, convencer a Irán fue el “click” que dio vuelta la dinámica de la confrontación. Aunque Israel no ocultó su voluntad de seguir martillando en el Líbano.

G.G.: Ya lo habrá escuchado a Trump. Habrá una segunda ronda de conversaciones en un par de días. Y, sin siquiera cambiar de facilitador, Pakistán. Y también conversan Israel y el Líbano. Viva el diálogo. Y conste que Ormuz sigue clausurado, dicho sea de paso.

P.: Bajo dos candados. Trump añadió su propio bloqueo naval.

G.G.: Lo que Wall Street observa es que el ánimo de negociar es muy grande. Y la alternativa a la negociación, era la destrucción mutua de infraestructura crítica en toda la región del Golfo. Ese es el resorte potente que se activó.

P.: Un año atrás la guerra comercial provocó una conmoción aun mayor que la actual. El Día de la Liberación empujó a los mercados mucho más lejos que a una mera corrección de 10%. Los llevó al borde de un bear market de 20%. Y todo se resolvió, una semana más tarde, poniendo la guerra comercial (el aumento de los aranceles recíprocos) en el congelador. ¿Estamos repitiendo la historia, pero con una recuperación de los mercados todavía más veloz?

G.G.: La historia no se repite, pero rima. Hay dos diferencias que vale la pena apuntar. El año pasado los mercados sufrieron un ataque de pánico y obligaron a Trump a pisar el freno. Eso permitió que, recobrada la calma, la Casa Blanca, que no había cambiado un ápice sus convicciones comerciales, volviera a la carga con las mismas medidas arancelarias.

P.: Esta vez Trump busca una solución diplomática porque la guerra no le funcionó como esperaba, no son los mercados los que lo fuerzan a mudar de postura.

G.G.: Así es. Trump sigue convencido de las bondades de los aranceles, pero aprendió una lección cruel con respecto a la guerra: el poderío militar es fabuloso, pero aun así hay límites en cuanto a lo que puede aportar. No es la panacea universal que pareció ser en Venezuela.

P.: Tendremos un Trump más pacifista que el de comienzos de año cuando bregaba por tomar Groenlandia por la fuerza.

G.G.: O, alternativamente, más belicoso solo en escenarios controlados, elegidos con más cuidado, como Cuba.

P.: ¿Y la segunda diferencia?

G.G.: El daño financiero actual es muy inferior al de abril del año pasado. Pero el daño en la economía real no guarda comparación, es muchísimo mayor. Y lo que ya se arruinó no se repara en el acto. Llevará meses restablecer la provisión de petróleo, gas, urea, helio y otros insumos difundidos. El alivio en los mercados es evidente. Pero, aún así, el crudo cotiza 60% por encima de los valores esperados para 2026. Y la guerra no terminó. No hay una solución clara para Ormuz, aunque la habrá (pero cuanto más demore más difícil se hará el tránsito en lo que resta del año).

P.: Es una apuesta muy fuerte la que hace Wall Street cuando retoma la suba. ¿Cómo estar tan seguro de que la economía no se enfriará, y la inflación no volverá a ser un dolor de cabeza? ¿Cómo saber que la situación no forzará a los bancos centrales a elevar sus tasas en un contexto fragilizado?

G.G.: No hay manera de saberlo. Por eso mismo, es una muestra de convicción que impresiona. El tiempo dirá si la guerra no deja secuelas o si los mercados se cebaron y están pecando de un exceso de optimismo.



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