Científicos investigan si el polvo de Marte es perjudicial para organismos microscópicos de la Tierra
El planeta Marte, objeto de estudio y fascinación para la ciencia desde hace décadas, reveló un posible mecanismo de defensa propio contra la contaminación biológica que podrían llevar las misiones terrestres.
De acuerdo con los experimentos dirigidos por Corien Bakermans en la Universidad Estatal de Pensilvania, el regolito marciano —la capa de polvo y fragmentos inorgánicos que cubre su superficie— demostró ser altamente perjudicial para organismos microscópicos terrestres, como los tardígrados, conocidos por su resistencia a condiciones extremas.
Este hallazgo, confirmado en declaraciones del propio Bakermans, introduce una perspectiva novedosa en torno a la protección planetaria y el desarrollo de eventuales asentamientos humanos en Marte.
El experimento, desarrollado en laboratorios de Estados Unidos, consistió en exponer tardígrados —animales de menos de un milímetro de longitud, apodados “osos de agua”— a simuladores de regolito marciano. El objetivo inicial era analizar si estos seres podían sobrevivir y contribuir a transformar el regolito en un suelo fértil, capaz de sostener cultivos y vida microbiana, un paso necesario para futuras misiones de colonización.
“Sabemos mucho sobre bacterias y hongos en regolito simulado, pero muy poco sobre cómo afectan a los animales, incluso a los microscópicos, como los tardígrados”, precisó Bakermans.
El estudio empleó dos tipos de simuladores basados en datos recogidos por el explorador Curiosity de la NASA. El primero, MGS-1, reprodujo las propiedades generales del regolito marciano, mientras que el segundo, OUCM-1, copió con mayor fidelidad el suelo de una zona específica del cráter Gale. Los resultados sorprendieron al equipo: los tardígrados expuestos al MGS-1 entraron en estado inactivo en solo dos días, lo que evidenció una inhibición severa de su actividad biológica.
Según Bakermans, “en el simulador MGS-1, observamos una inhibición significativa en dos días. Fue muy perjudicial en comparación con OUCM-1, que seguía siendo inhibidor, pero mucho menos”.
La clave del fenómeno parece residir en algún compuesto presente en el MGS-1, que podría disolverse en agua. Cuando los investigadores lavaron este simulador y repitieron el experimento, los tardígrados mostraron una tolerancia mucho mayor y solo experimentaron efectos leves. Bakermans subrayó que “parece que hay algo muy dañino en el MGS-1 que puede disolverse en agua, tal vez sales u otro compuesto”.
Aunque la identidad exacta de este elemento sigue sin conocerse, su efecto inmediato fue contundente: el regolito simulado bloqueó la actividad de organismos resistentes, lo que sugiere que el suelo marciano real podría actuar como un filtro natural ante la contaminación accidental procedente de la Tierra.
“Protección planetaria” es el término oficial para el conjunto de normas que buscan evitar que misiones espaciales terrestres alteren potenciales biosferas alienígenas, o que confundan los experimentos de detección de vida con contaminación terrestre. Según los estándares de la COSPAR (Comité de Investigación Espacial), cualquier misión dirigida a un entorno que pueda albergar vida debe minimizar el riesgo de transportar organismos terrestres, hasta un umbral de una entre 10.000 posibilidades.
La existencia de un mecanismo de defensa natural en Marte podría relajar, en el futuro, parte de las exigencias sobre esterilización y manejo de materiales. No obstante, la posibilidad de que el regolito marciano sea letal para microorganismos terrestres no implica que las medidas de protección dejen de ser imprescindibles, ya que la esterilización completa resulta inalcanzable y la contaminación cruzada aún podría interferir en la búsqueda de vida marciana autóctona.
El hallazgo agrega una capa de complejidad al debate sobre la terraformación y el establecimiento de bases humanas en Marte. Si bien el regolito representa una barrera para la vida terrestre accidental, podría “lavarse” para favorecer el crecimiento de plantas y la habitabilidad, como demostró el lavado experimental aplicado por el equipo de Bakermans.

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