Cuando los hijos adultos no se van de la casa: qué es el síndrome del nido lleno y cómo abordarlo
A diferencia del conocido síndrome del nido vacío, una reacción emocional frecuente que experimentan los padres cuando sus hijos abandonan el hogar, ya sea para estudiar o independizarse, el síndrome del nido lleno ocurre cuando los hijos ya adultos permanecen en la casa familiar.
Esta situación también incluye a los llamados boomerang kids que son los hijos que se habían independizado y regresan al hogar parental debido a circunstancias económicas, personales o sociales.
La doctora Graciela Moreschi, médica psiquiatra (MN 41018), explicó a Infobae que el síndrome del nido lleno sucede cuando los hijos siendo ya adultos se quedan en la casa de los padres. “El tema es saber cuáles son las excusas de los hijos en su resistencia a irse o la culpa que sienten algunos padres al decir: “Esta casa es mía y tenés que irte”. “Sobre todo en la época actual, son los padres, los que tienen que marcar esa diferencia. En otra época, era la sexualidad la que indicaba la necesidad en los hijos de tener un espacio propio. Hoy no pasa así, debido a las nuevas costumbres», destacó la experta.
Además, resaltó que “muchos hijos no pueden irse porque no tienen trabajo, pero otros sí lo tienen y quieren mantener el mismo nivel de vida, entonces lo que ganan lo destinan a poder disfrutar de experiencias, viajar, hacer las cosas que quieren por ser jóvenes, pero no les alcanza para una vivienda. De esta manera, siguen viviendo en la casa de los padres para poder mantener el mismo nivel de vida», advirtió la psicóloga.
Un cambio implica renunciar a cosas, dijo Moreschi , pero remarcó que “esta generación no renuncia. Cree que tiene que estar siempre mejor. Por lo tanto, muchas veces la estadía en la casa se hace enorme, a los padres les da culpa y les resulta difícil decir al hijo: “Bueno, te tenés que ir, quiero recuperar mi casa”.
Por su parte, el doctor Eduardo Drucaroff, médico psicoanalista y psiquiatra, especialista en familias y parejas, de la Asociación Psicoanalítica Argentina, explicó a Infobae: “En la vida moderna de la segunda mitad del siglo 20 -y haciendo la salvedad que estas observaciones son válidas, hablando de los ambientes de clase media con cierto poder adquisitivo- predomina un modelo ideal de hijos yéndose de la casa familiar a partir de los 20/ 22 años, lo cual pone a los padres en una situación de ‘nido vacío’ después de 20, 25 o 30 años de haber estado criando hijos dependientes, en buena medida de la asistencia de ellos».
La contrapartida de esta situación de nido vacío, es la del nido que sigue estando ocupado, el “nido lleno”, comentó el doctor. “Cuando esto se produce con hijos en edad teórica de independizarse, nos encontramos con posibles molestias por ambas partes, tanto de los padres como de los hijos».
“Por un lado, los hijos pueden sentir culpa por seguir siendo una carga para los padres, quienes ya deberían estar más liberados, y/o pueden tener sentimientos de menoscabo en su autoestima por no estar pudiendo lograr su autonomía o pueden también instalarse cómodamente en esa situación, con poco nivel de conflicto, si del lado de los padres no se motoriza, o no se hace saber algún deseo en contrario», aseguró.
Por su parte, los padres pueden experimentar sentimientos de no haber hecho bien la tarea o protegido “demasiado bien” a los hijos, con lo cual no los han preparado suficientemente para “salir a la vida”, destacó el experto.

Según la doctora Moreschi, otra de las razones por las que los hijos no se van es porque son adolescentes eternos. “Muchas veces los padres contribuyen a esto sin darse cuenta, por ejemplo, a partir de los estudios. Hay padres que priorizan que los hijos se reciban. Curiosamente, estos jóvenes, mantenidos por los padres y con un ‘pasaporte’ de libreta universitaria para quedar en la casa familiar, son los que más tarde se reciben, según estudios, y así no terminan de entrar en el mercado laboral».
La psicóloga recomendó que en esos casos es más eficaz que el joven, si no estudia o alarga sus estudios, tome un trabajo. “A partir de ahí va a madurar, porque la universidad no madura. Da una justificación, deja horarios libres, no hay un jefe, no hay una adaptación al sistema. Por otra parte, si se reciben muy tarde, quedan fuera del sistema», alertó Moreschi.
Finalmente, la tercera opción son los boomerang kids, cuando los hijos deben volver a la casa familiar cuando sufren problemas económicos, por ejemplo. “Cuando realmente no tienen dinero, los hijos reconocen que la casa es de los padres y hay una actitud distinta, no hay una invasión. El tema es cuando nunca se fueron”, destacó la experta.

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