07:09Boom de demanda en el Hospital Odontológico de la UBA: los tres motivos por los que hay más de mil pacientes por día
Aitana se escabulle entre la gente, sube y baja corriendo las escaleras de la Facultad de Odontología de la Universidad de Buenos Aires, se esconde de Florencia, la amiguita que acaba de hacerse esta mañana de verano mientras las mamás de las dos esperan en la vereda para recibir la atención de un dentista. Las dos, que tienen una 5 y la otra 8 años, saben que la espera será larga.
Aitana y Elisa, su mamá, llegaron desde Florencio Varela. Florencia y Mariana, su mamá, desde Caballito. Elisa y Mariana son dos de las más de mil pacientes que pasarán durante esta jornada por el Hospital Odontológico de la UBA, cuya demanda se traduce en hasta dos cuadras de fila para esperar esa atención.
Los primeros días de este 2026 no son la primera vez que el hospital escuela que depende de la UBA muestra una postal de la enorme demanda. De hecho, ya el año pasado la Facultad de Odontología dispuso que por primera vez el hospital escuela abriera sus puertas también en enero y febrero, una decisión inédita hasta 2025. “Se decidió para evitar el cuello de botella que nuestro hospital venía teniendo en marzo, que es cuando abre sus puertas habitualmente porque se inicia el ciclo lectivo”, explica Luis Rannelucci a Infobae.
Rannelucci es el director del área asistencial de este centro de salud bucal que atiende a no menos de 1.000 personas por día y que tiene instalados 700 sillones odontológicos con su equipamiento completo. Esas instalaciones permiten una atención en simultáneo mucho más alta que en otros centros odontológicos, aunque siempre sujeta a la cantidad de profesionales disponibles. Es apenas un dato de los que explica el boom de demanda que por estos días atraviesa el Hospital Odontológico de la UBA, pero no el único.
“Uno de los factores clave para que tengamos esta demanda son los valores que tienen que pagar los pacientes. Estamos manteniendo los mismos costos que durante el verano pasado, y son muchísimo más bajos que en otros centros asistenciales”, afirma Rannelucci.
En concreto, la consulta inicial en la que a cada paciente se le hace una radiografía panorámica y se le completa su ficha sobre el estado de cada una de sus piezas dentales cuesta 15.000 pesos. Curar una caries, según la complejidad del caso y los materiales que requiera, cuesta entre 30.000 y 40.000 pesos, y un tratamiento de conducto, 90.000 pesos. “Las urgencias, las caries y los conductos son los casos que atendemos con más frecuencia”, confirma el director asistencial del hospital.
Un implante dental cuesta en el hospital universitario, en promedio, 250.000 pesos. “Tengo que hacerme dos implantes, y en el consultorio privado en el que consulté me pidieron 800.000 pesos por los dos si encaro todo el proceso junto. Si no, me cobran 500.000 cada uno; acá me cuesta la mitad”, cuenta Luis Alberto, que tiene 71 años, es jubilado y vive en Villa Santa Rita.
“Yo tengo prepaga pero lo de la boca es difícil que lo cubra, así que mis hijos me insistieron para que venga acá porque es muchísimo más barato”, suma Luis Alberto. Hace la fila bajo el sol de enero pero se aferra a que en esta época del año la Ciudad está más vacía y puede haber menos gente.
Tiene razón. “En las épocas de mayor demanda, llegamos a atender hasta a 1.500 pacientes por día”, le dice Pablo Rodríguez, decano de la Facultad de Odontología, a Infobae. En los primeros días de enero, de acuerdo a las cifras que maneja Rannelucci, el hospital atendió a entre 400 y 600 personas por jornada. Pero a medida que se sabe que el centro asistencial no pausa su atención en enero y febrero, el boom de demanda crece.

“Tomamos la decisión de abrir en verano porque en los últimos meses de 2025, que es cuando el ciclo lectivo empieza a terminar, veíamos que la demanda en nuestro hospital seguía aumentando”, describe Rannelucci, y sigue: “En enero y febrero la gente tiene más flexibilidad horaria porque tal vez está de vacaciones pero en la Ciudad, o no tiene tantas actividades como durante el resto del año. Por eso hemos abierto en estos meses, ya que los pacientes tienen más posibilidades de venir y evitamos el cuello de botella del primer lunes de marzo”.
Elisa, la mamá de Aitana, es trabajadora de limpieza de una fábrica que cierra sus puertas todos los años durante la primera quincena de enero y les da vacaciones a sus trabajadores, que sí o sí deben tomarlas en ese momento. “Trabajo nueve horas en la fábrica y además trabajo limpiando casas antes de volver a casa, así que es casi imposible venirme hasta acá y hacer la fila mientras estoy en la fábrica. Por eso me viene genial que esté abierto en el verano”, describe.
Ya se atendió en este hospital: “Me arreglaron varias caries y me hicieron un conducto, creo que van a tener que hacerme otro”, dice, sin perder de vista a Aitana, con quien tomó el colectivo en Florencio Varela antes de las 6 de la mañana para estar entre las primeras de una fila que crece con el correr del día.

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