Cuando las mujeres de Sudáfrica marcharon contra la medida que las obligaba a llevar permisos para circular durante el apartheidPor Ariana Budasoff
“—Yo nací en 1911, en el condado de Chickasaw, plantación Piedmont.
—¿Sabías de niña que ibas a ser criada?
—Sí señorita, sí sabía.
—¿Por qué?
—Mi madre fue criada y mi abuela fue esclava doméstica.
— ¿Sueñas con ser otra cosa?
— [Asiente con la cabeza]. Cuidar niños blancos, eso es lo que hago. Sé cómo hacer que los niños se duerman, dejen de llorar y hagan sus necesidades antes de que sus madres se levanten”.
El diálogo entre Aibileen Clark (Viola Davis), una trabajadora doméstica afroamericana, y Skeeter (Emma Stone), una aspirante a escritora recién graduada de la universidad de Misisipi que consiguió un trabajo en un periódico local escribiendo una columna sobre el cuidado del hogar, es de la película Historias Cruzadas. Un film estadounidense de 2011 —dirigido por Tate Taylor y protagonizado por Emma Stone, Viola Davis, Octavia Spencer y Bryce Dallas Howard— basado en la novela Criadas y señoras, de Kathryn Stockett.
La historia sucede en Estados Unidos, en plena década de los 60, cuando el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos, que buscaba combatir la segregación racial y conquistar la igualdad de posibilidades y la igualdad ante la ley, sacudía las calles.
Desde la ficción, el film expone de muchas formas la segregación y el racismo del cual eran víctimas las mujeres y todas las personas negras en los Estados Unidos de los sesenta. En una escena, una de las amigas de Skeeter dice que escribió una “iniciativa de Saneamiento del Hogar” que consiste en “una ley para prevenir enfermedades que exige que las casas de los blancos tengan otro baño para los negros”. En otra se ve a Skeeter leyendo lo que establece la legislación local sobre la conducta de las “personas no blancas y minorías”: “Ningún peluquero de color atenderá a mujeres o chicas blancas”; ”Cualquier persona que imprima o circule material escrito alentando la igualdad entre blancos y negros, será encarcelada”.
En la película, las empleadas domésticas ganaban un salario inferior al mínimo, no tenían seguro social, eran acusadas y arrestadas por delitos que no cometían. Es ficción pero era —y en muchos lugares del mundo aún es— realidad.
En la película —alerta espóiler—, después de negarse por miedo, las mujeres afroamericanas accedieron a narrar sus historias de maltrato y discriminación de manera anónima. Historias que la periodista compila en un libro titulado The Help, como un modo de visibilizar su padecimiento.

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