14:45El chico de Lanús que construyó el negocio que nadie vio venir en la fiebre del oro de la IA

Hay una escena que lo explica todo. En enero de este año, el CEO de una empresa que la mayoría de los argentinos no conoce convocó a una reunión general en sus oficinas de San Francisco. Mostró diapositivas. Revasó la historia de la programación con inteligencia artificial desde 2021 hasta hoy. Y cuando llegó al último modelo que había lanzado Anthropic, pausó y le dijo a su equipo:

“Este va a ser un momento trascendental para el mundo”.

Ese CEO se llama Guillermo Rauch. Nació en Lanús. Y la empresa que dirige, Vercel, acaba de ser valuada en 9.300 millones de dólares.

La inteligencia artificial generó una fiebre del oro. Todos corrieron a buscar el metal: OpenAI, Google, Meta, Microsoft. Rauch apostó a las palas.

Vercel no hace modelos de IA. No compite con ChatGPT ni con Claude. Lo que hace es más silencioso y, en este momento, mucho más rentable: ayuda a los desarrolladores a construir, desplegar y alojar aplicaciones web. Cuando alguien usa la IA para generar código y necesita publicarlo en internet, Vercel aparece como la respuesta natural.

Según informó la revista de negocios Forbes, los clientes de Vercel que usan Claude Code —la herramienta de programación con IA de Anthropic— representan apenas poco más del 1% de los usuarios totales de la plataforma. Pero generan casi el 15% de todas las implementaciones de la empresa. El dato es brutal: una porción ínfima de usuarios produce una parte desproporcionada del trabajo.

Y el fenómeno crece. Según el mismo medio, las implementaciones generadas por agentes de IA en Vercel pasaron de casi el 5% en junio de 2025 a más del 21% en febrero de este año. De ese volumen, casi el 70% proviene de Claude Code. No es una alianza comercial, aclara Forbes: es que los modelos de lenguaje aprendieron a escribir en Next.js —el framework de código abierto creado por Vercel— y cuando tienen que publicar algo, la sugieren de forma orgánica.

La comparación con la fiebre del oro del siglo XIX no es casual. En 1849, los que más plata hicieron en California no fueron los mineros, sino quienes les vendieron herramientas. Levi Strauss, por ejemplo, fabricaba pantalones resistentes para los que cavaban.

Rauch entendió eso antes que casi todos. Mientras el debate público se concentraba en qué IA iba a ganar la carrera de los modelos, él construyó la infraestructura que todos van a necesitar para publicar lo que esas IAs produzcan.

En 2022 Guillermo Rauch visitó Infobae y se refirió al trabajo de Vercel (Video de archivo Infobae)

La historia de Rauch tiene todos los ingredientes del mito tecnológico, pero con coordenadas muy concretas: el conurbano bonaerense, los años 90, una computadora familiar y cero recursos en español.

Empezó a programar a los 7 años en su casa de Lanús, hijo de un ingeniero industrial y una ingeniera química. Su padre, según relató Forbes, fue el primero de su familia en ir a la universidad y comprendió antes que nadie que todo lo que había aprendido en la facultad quedaría obsoleto con la digitalización. Le dijo a su hijo: “No te molestes en aprender lo que yo aprendí”. El chico le hizo caso.

El mayor obstáculo no era la tecnología. Era el idioma. Tal como recordaron medios argentinos que reconstruyeron su historia, todo el material para aprender a programar estaba en inglés. No había nada en español. Así que aprendió los dos idiomas a la vez: el lenguaje de programación y el inglés.

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