11:25El conmovedor relato de una venezolana que vive en Argentina tras la captura de Maduro: “Permítanme celebrar”

Si yo siento una justicia amarga, porque por lo menos a ese dictador y asesino se lo lleven de mi país, permítanme celebrar, permítanme ser feliz, que a nosotros nos han quitado demasiado”. Así comenzó este lunes, a corazón abierto, el relato de Anais Castro, conductora de televisión, cantautora, modelo y locutora de radio venezolana, en declaraciones radiales, apenas 48 horas después de confirmarse la captura del ex dictador Nicolás Maduro.

“No nos contaminen la alegría de sentir que se hace un poquito de justicia. No nos la quiten”, suplicó Anais durante el descargo que realizó al aire de Urbana Play 104.3, interpelando tanto a quienes cuestionan la reacción de los venezolanos en el exilio como a quienes, desde la distancia, no comprenden el dolor acumulado de años de represión, miedo y pérdida. “Nosotros ya salimos a la calle en el 2014 cuando ni siquiera lo podían ver por televisión porque estábamos censurados… la censura mediática era tan brutal y tan bestial que ni siquiera lo podías ver por TV porque estábamos encerrados”, aseguró.

A lo largo de la entrevista, Anais Castro no solo compartió su historia personal, sino que también se convirtió en la voz de millones de venezolanos en el mundo: “Yo no sé cuál es nuestro futuro, pero conozco muy bien nuestro pasado… la próxima vez que te vayas a sentar en tu sofá y le vayas a mandar un mensaje a un venezolano diciéndole: ‘Cipayo, vende patria, vuélvete a tu país’, piénsalo dos veces”.

La historia de Anais Castro está marcada por el desarraigo y la búsqueda constante de pertenencia. Aunque hoy se reconoce como parte de la enorme comunidad venezolana que encontró en Argentina un nuevo hogar, su relato expone las emociones encontradas de quien debió abandonar su país, pero jamás logró desprenderse de él.

“Ya creo que al día de hoy es muy difícil encontrar un argentino que no tenga al menos un amigo venezolano, o un conocido, o un compañero de laburo, o alguien con quien comparta cotidianeidad”, consideró.

El fenómeno migratorio venezolano transformó el tejido social de Argentina y, para Anais, el compartir historias, ideas y hasta discusiones con argentinos se volvió parte de su día a día: “Cuando pasa algo así, es inevitable pensar, obviamente, en toda esa gente con la que venimos hace años conversando y compartiendo, experiencias, ideas, discusiones, etc.”.

Sin embargo, la identidad venezolana se mantiene firme, aun lejos de Caracas. “No porque yo quiera que pienses diferente, porque no lo necesitamos, porque Venezuela ni es Afganistán, ni es Panamá, ni… Venezuela es Venezuela. Y no te pido que lo entiendas, te pido que nos respetes y que nos regalen tres días, tres días, pana, para que el venezolano pueda ir para el Obelisco y bailar y festejar”, suplicó, entre el cansancio y la esperanza de que la sociedad que la acoge también la comprenda.

El relato de Anais Castro sobre la Venezuela de su adolescencia es el de un país que comenzó a fracturarse frente a sus ojos. En 2007, cuando tenía apenas 14 años, presenció lo que describe como “el primer golpe a la libertad de expresión en Venezuela”.

“En ese momento, se aplica la ley resorte contra RCTV, uno de los canales más importantes de mi país, por tener una línea política en contra de la del presidente (Hugo) Chávez. Y cierran RCTV y vemos el primer golpe a la libertad de expresión en Venezuela y otro montón de canales se tiraron para atrás, de dejar de hacer desde humor político hasta periodistas que puedan hacer lo que tú haces hoy”, relató, con la claridad de quien nunca olvidó ese momento fundacional.

Ese despertar cívico fue, también, el principio del miedo: “Con todo lo que pasó y este primer golpe a las protestas, te echás para atrás, te asustás, te recogés. Empezaron a incrementar los problemas en mi país, la escasez, la falta de medicinas, la falta de alimentos, la falta de gasolina. Todo esto empezó como a ser una crisis muy grande y una ebullición muy grande en el país”.

La censura, el temor y la crisis fueron parte de la formación de Anais Castro y de toda una generación venezolana que, de un día para el otro, comprendió que los derechos y la voz podían perderse de un plumazo.

Para Anais Castro, la crisis humanitaria en Venezuela no fue una abstracción, sino una experiencia directa y desgarradora. Su testimonio revela cómo la política se metió hasta en lo más íntimo: la salud y la vida cotidiana. “En el 2011, teníamos mucha presencia de médicos cubanos en el país. Había muchos centros de salud integral, se llamaban CDIs, que los plantaban en los barrios de menos recursos, y traían médicos cubanos a trabajar en nuestro país”, rememoró. Pero lo que podría haber sido una oportunidad terminó convirtiéndose en un mecanismo de exclusión y discriminación: “Apenas entramos al CDI, con mi cara dándoseme vuelta, le dicen a mi mamá: ‘¿Usted es chavista?’ Y mi mamá le dice: ‘¿Qué me estás preguntando?’ ‘Que si usted es chavista, porque si no, no la podemos atender, ni a usted ni a su hija’. Y a mí la cara se me estaba dando vuelta”.

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